LA VENGANZA DE DON MENDO
NUÑO.– Modestia aparte.
Sabes latín, un poco de cocina,
e igual puedes dorar una lubina
que discutir de ciencias y aún de arte.
Tu dote es colosal, cual mi fortuna,
y es tan alta tu cuna,
es nuestra estirpe de tan alta rama,
que esto grabé en mi torre de Porcuna:
«La cuna de los Manso de Jarama,
a fuerza de ser alta cual ninguna,
más que una cuna dijérase que es cama.»
MAGDALENA.–
(Atajándole nerviosamente.)
¿Y con quién mi boda, padre, has concertado?
NUÑO.– Con un caballero gentil y educado
que es Duque y privado del Rey mi señor.
MAGDALENA.– ¿El Duque de Toro?...
NUÑO.– Lo has adivinado,
El Duque de Toro, don Pero Collado,
que ha querido hacernos con su amor, honor.
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